Tengo armada una galería de arte en mi computadora, con un archivo dedicado a calles de varios países. Son ciudades a veces desconocidas para mí; unas marrones de pobreza, otras vivaces como la bohemia parisina; varias de Europa del Este, sombrías en el lienzo; unas pocas son de pueblos de Rusia o de países nórdicos, cubiertas de nieve tan realistamente pintada que, en un día cálido, nos c